sábado, 13 de febrero de 2021

La duda de la vacuna


 

 

"Soy de una generación perdida y sólo me reconozco

si contemplo acompañado la soledad de mis semejantes"

Umberto Ecco - "El péndulo de Foucault"

 

Perdido, como decía el maestro Umberto Ecco en su libro, el cual recomiendo. Así me encuentro con esto de las vacunas. Porque yo no sé si pertenezco a una generación perdida, pero sí que estoy en esa indefinida e imaginaria frontera de edad que los gobernantes han marcado para inyectarnos una u otra vacuna. Y, sinceramente, estoy nervioso. Esto es un sinvivir, pensando si me inocularán el último grito en vacunas coronavíricas, la de Moderna, que imagino que hará gala a su nombre, o, por el contrario, me tocará la de Pfizer, cuyo nombre también suena bien para vacuna. Aunque a mí me han dicho que más bien me toca la de AstraZeneca, pues no llego a los 55, aunque me faltan unos meses para alcanzarlos, y según parece es la que nos han asignado porque está desaconsejada para mayores de esa edad. Pero, ¿y si se demoran un poco en inyectármela y cumplo 55 en ese impasse? ¿Ya no me ponen la prevista? ¿Me dejan sin vacunar? ¡Espero que no! Se me está cayendo el pelo, no duermo, presento un cuadro de ansiedad generalizado pensando cuál de las dichosas vacunas me van a asignar. Y como yo, se encuentran muchas personas. No, si al final  van a tener que fabricar también una vacuna que prevenga la somatización de la incertidumbre por saber qué vacuna nos toca.

Y eso que ahora dicen que la OMS ha recalculado las distintas edades del hombre -y de la mujer- y veo que me encuadran en plena juventud.

Dicen que es un bulo, pero yo me lo creo hasta que lo desmientan, porque me interesa: vuelvo a ser joven. Y si lo dice la OMS, aunque seguro que es un bulo, a lo mejor es verdad. Y esto ya sí que es un lío: entonces; si soy joven, ¿me cuelan la de AstraZeneca sí o sí? Pues a mí es la que menos me gusta, porque dicen que eso e inyectarte suero glucosalino es lo mismo, que lo ha escuchado mi vecina en el programa ese de Jorge Javier Vázquez, que dice que lo explican todo clarito para que se entienda bien. Y eso sí que no, yo no voy a hacer el esfuerzo, con lo que a mí me aterroriza una jeringuilla, de superar mis miedos para que me pongan una vacuna aguachirle.

Puestos a hacer una taxonomía de vacunas según predilección, sinceramente a mí la que más me gusta es la Pfizer, pues su fonética -/fffffaisssssserr/- induce a pensar que no te enteras cuando te la están inyectando. Suena a que no la sientes, como un suspiro, vamos. Y esto, hoy en día, donde los sentimientos están a flor de piel, también es muy importante.

En segundo lugar prefiero la de Moderna, pues su nombre impacta: Moderna. Así, con todas las letras; suena bien. Te da confianza y garantía de efectividad, pues soy de los que piensan que el nombre de las vacunas también tiene su puntito de sugestión.

La que menos me gusta -vamos, que no me gusta nada- es la que han decidido que me van a poner: AstraZeneca. No sé, su nombre no me sugiere. Si es que tiene nombre de secta judeomasónica que trata de ocultar sus verdaderos fines. ¿No será esta la que lleva el famoso chip para implantárnoslo y controlar todos nuestros pasos? Y no solo controlarlos, sino que hasta puede que nos los dirijan, que ese Bill Gates tiene mucha ansia de controlar el mundo. Que se lo pregunten a Miguel Bosé, que está bien enterado del complot de los poderes fácticos en esto de las vacunas. Pues yo, por si acaso, me voy a hacer el remolón cuando me citen -que si estoy constipado, que si no cojo el móvil, que si no me presento a la cita- y mientras tanto cumplo los 55 y me ponen la que yo quiero. Vamos, que uno trambién podrá elegir la marca de la vacuna que le van a poner, digo yo. ¿Pues no hay libertad para elegir otras cosas menos importantes? Reclamo mi porción de libertad para esto de la vacuna. ¿Va a tener el rey libertad para decidir que su hija estudie en el extranjero en lugar de en un centro público español -menudo revuelo se ha armado con la tontería- y no la voy a tener yo para elegir mi vacuna? Al fin y al cabo, ambas cosas las pagamos entre todos. ¿O no? Y en lo relativo a la princesa estamos hablando de educación y en lo tocante a la vacuna, estamos hablando de salud. ¿Qué es más importante? Pues ya hemos abierto otro debate para las tertulias televisivas de esos que hablan sin escucharse. Jorge Javier, a ver si pones un poco de orden en la tuya, que parece una pelea de gallos de corral más que un diálogo entre personas cultas.

Que os puede sonar a chiste todo esto que estoy diciendo, pero de chiste no tiene nada. Es algo muy serio. Y hablando de chiste, el otro día me contaron uno buenísimo sobre las vacunas:

"Va la vacuna Moderna andando por la calle y ve venir a otra vacuna a lo lejos. Cuando están cerca, se dirige a ella:

- ¡Ostras, Zeneca, qué moderna vas! Te pareces a mí.

- No soy Zeneca, soy Pfizer.

- Uy, perdona, no te había reconocido con la mascarilla."

Patético, pero algún chiste había que inventar con el nombre de las vacunas.

Ahora bien, yo la que no me pongo es la rusa. Es que produce unas mutaciones impresionantes. Fijaos bien lo que le ha pasado a un argentino por ponérsela (clic en el enlace): efectos de la vacuna rusa.

A mí no me pasa eso. Antes la de AstraZeneca que la rusa. O ninguna.

A mí lo que me tiene más desconcertado de todo este lío de las vacunas es que, como maestro que soy, me acaban de encuadrar los mandamases dentro de los colectivos esenciales y, por lo que oigo, ya mismo nos están vacunando. Y el desconcierto no es otro que yo, ingenuo de mí, pensaba que desde septiembre que estamos al pie del cañón en la escuela ya éramos esenciales... ¿Pues no se ha apostado por que los niños y niñas asistan de manera presencial a la escuela, además de por garantizar su formación académica y su estabilidad psicosocial, para que sus papás y mamás puedan seguir trabajando presencialmente y teletrabajando desde sus domicilios sin tener que estar cuidando de sus vástagos y así intentar evitar el derrumbe económico del país? ¿Y desde septiembre hasta ahora han tardado en darse cuenta de que los maestros somos esenciales?

Pues sí que... ¿A que no me pongo la vacuna? O mejor, ¿a que me pongo la rusa y me dan la incapacidad total porque no hay Dios que me entienda?

3 comentarios:

  1. Ja, ja, ja... no te gusta porque es la que nos van a poner, se supone!!! Aunque hay muchos delante, Manolo.
    Yo me quiero vacunar de tu capacidad de trabajo y esfuerzo!!!!
    Hasta la próxima.
    Sigamos con la suerte del azar.

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  2. Yo llevo mi manga remangada desde la noticia, tengo el brazo congelado, jejeje. Me pongo cualquiera, mi sistema inmunológico trabajará para subir la eficacia, estoy segura.
    ¡Ánimo a todos los docentes!

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  3. Eres único...
    ÁNIMO compañeros...algo caerá

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