A mí me lo aconsejó mi hija, que es enfermera y sabe mucho de estas cosas: cuando os vayáis a poner la vacuna, tomaos pautadamente paracetamol para hacer frente a la reacción que suele dar en forma de mal cuerpo, dolores musculares, fiebre, vómitos, etc.
¡Y vaya si daba reacción la vacuna! Lo que yo no sabía era que a los políticos les diese reacción sin ponérsela siquiera. En su caso, se podría decir que su reacción se produce por simpatía, como ocurre con los gases nobles: se la ponen los ciudadanos y los efectos secundarios los sufren ellos.
Pues ya veis lo que ha ocurrido en Murcia, que a los diputados de la asamblea de los grupos Ciudadanos y PSOE les dio la reacción de presentar una moción de censura contra el PP. Menudo dolor de cabeza, tiritera y nerviosismo les ha dado a algunos la dichosa iniciativa sin haberse inoculado siquiera el bicho atenuado. Pero como para todo hay remedio, hete aquí que el paracetamol que se tomaron los del PP fue en forma de convencer a tres diputados de Ciudadanos para no apoyar la moción y les inyectaron tres consejerías con chóferes incluidos que les han sentado estupendamente: ya no tienen ni un solo síntoma. Y todo ello con la cantinela de fondo de tres exdiputados de Vox amagando pero no dando: ¿cómo se pueden querer dos reacciones a la vez... y no estar loco?, que diría Machín.
Mayor reacción le ha dado a la Presidenta de la Comunidad de Madrid, que se levantó una mañana con los ojos más abiertos y la mirada más perdida de lo normal y le dio la reacción de disolver la asamblea madrileña y convocar elecciones, todo ello acompañado de ese sarpullido verborreico populista a la que nos tiene tan acostumbrados. Se dice que la reacción de la presidenta de Madrid fue debida a una variante murciana, de ahí la agresividad de sus efectos secundarios. La oposición también tuvo su consabida reacción e intentó truncar el adelanto electoral presentando una moción de censura, que no ha prosperado porque el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha recetado el preceptivo paracetamol al asunto, sentenciando a favor de las elecciones, que se prevén una vez pase la conmemoración de los fusilamientos del 2 y 3 de mayo, no vaya a ser que fijarlas antes acabe haciendo realidad lo que se conmemora. Pues ya se sabe lo que conlleva tener que elegir entre socialismo y libertad: un follón.
Otro conato de reacción se ha dado en Castilla y León, pero ha sido leve, pues el asunto procedería de una cepa antigua, ya conocida y, por tanto, bajo control por el sistema inmunitario de esa comunidad, que no se ha coscado siquiera. Creo que no ha hecho falta ni paracetamol para mitigar los efectos secundarios.
Ahora bien, para reacción, la de nuestro ya mismo exvicepresiente primero, que le ha dado no una reacción, sino la madre de todas las reacciones: deja el gobierno para hacerle frente a la variante ayusiana que se extiende por el territorio madrileño en forma de contubernio de las derechas populistas. Para ello piensa aglutinar a toda la izquierda socialcomunista bolivariana para inyectar toda su política progresista en forma de paracetamol para aliviar los síntomas nacional liberales de sus oponentes: toda una vacuna en fase de estudio para alcanzar el gobierno de la capital de las Españas.
¡Menudas reacciones de las dichosas vacunas! Aunque ahora me entero que la de Astrazeneca ya no va a dar más reacciones por el momento, pues la ministra de Sanidad ha propuesto a las comunidades autónomas dejar de inyectarla ante los efectos secundarios que se venían observando entre algunos conejillos de indias a los que ya se la habían inoculado. Y ahora ya no saben qué hacer con los que ya han recibido la primera dosis y estaban esperando la segunda. ¿Pues no les dicen que se mantengan vigilantes por si se notan síntomas de trombos, dolores de cabeza, convulsiones, alteraciones en los movimientos de los ojos o somnolencia excesiva? ¡Ahora! ¡Una vez que se la han clavado! ¡Habráse visto tal despropósito! ¿Habrá reacciones entre los ya inoculados ante tales tropelías?
Ahora bien, para haber evitado tanta reacción política y dejar tranquilo al pueblo llano, yo le habría puesto la vacuna de Astrazeneca a los políticos de turno: así hubiesen dejado su reacción política para más adelante, pues habrían estado ocupados en tomar pautadamente el paracetamol correspondiente para mitigar los síntomas de la vacuna de marras. Y serían ellos los que estarían en vilo vigilándose los posibles efectos adversos de Astrazeneca, dejándonos en paz por una larga temporada.
Un sin Dios, esto de las vacunas y sus reacciones.

Genial! !!!
ResponderEliminarMuy ocurrente, como siempre... ¡ Y atinadísimo! Leer esta crónica en clave de humor, de ese humor socarrón y ácido que te caracteriza, levanta el ánimo a cualquiera. Enhorabuena.
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