miércoles, 13 de octubre de 2021

Operación "Calamar"

El tutor de 4ºB llega al despacho del director un poco nervioso, pues este le ha requerido que se acerque a verlo en cuanto pueda por un asunto serio. El director va directo al grano: un padre de su grupo ha puesto una denuncia en comisaría por una agresión de un compañero de clase a su hijo en el patio de recreo la semana pasada. Parece ser que la agresión viene provocada porque los chicos han estado recreando, y nunca mejor dicho, el famoso "Juego del calamar".

-¿Qué es eso del "juego del calamar"? -pregunta el tutor de 4ºB.

-¡Coño, pues vaya tutor que estás hecho tú! -le recrimina el director-. Para ser tutor hay que estar al día de todo a lo que juegan los niños. Que luego nos piden un infome del asunto y nos pillan en bragas. Es una serie de Netflix que los niños han estado viendo en sus casas, hombre.

-Sabía que se habían peleado, pero ni idea de que fuera por ese juego; preguntaré en clase, pero ¿qué es lo que yo tengo que hacer en este asunto?

-Por lo pronto, el juzgado nos pide un informe acerca de los dos menores, fulanito y citranito, y de cómo se ha podido iniciar la agresión.

-Y si han visto esa famosa serie en casa, ¿no deberían preguntar a sus padres al respecto? ¿Yo, o mejor dicho, la escuela, qué tiene que ver en todo esto?

-La escuela está para todo, ¿no lo entiendes? La escuela está para conciliar la vida laboral y familiar de los padres, con su aula matinal y su comedor escolar; la escuela está para enseñar valores, emociones, sentimientos, igualdad, para ayudar a las familias a educar a sus hijos, para corregir desigualdades, para integrar, para vehicular el ocio del menor en ausencia del conductor de ese vehículo, para eso y para mil cosas más. Te estás haciendo mayor. Tienes que evolucionar.

-Las Matemáticas y la Lengua y todo lo demás...

-Para eso también, coño, que siempre salís por la tangente. En resumen, que me tienes que presentar antes del viernes un informe de esos dos alumnos, su comportamiento en clase, las medidas que vamos a adoptar para que no se vuelvan a repetir las agresiones, tu visión de si el visionado de la serie ha tenido mucho, poco o nada que ver en la pelea, si ha sido una cosa puntual de críos  y cosas por el estilo... Ya sabes, mucha palabrería para que en el juzgado queden bien satisfechos de nuestra profesionalidad.

Preocupado, el maestro sale del despacho del director: no sabe por dónde meterle mano al informe solicitado. Pasa una noche horrible, dando vueltas en la cama. A las cuatro de la madrugada, sin haber pegado un ojo, se levanta, se va hacia el ordenador y escribe el siguiente informe, que hace llegar al día siguiente al director:

"Los chipirones, libres en la mar océana de su cuarto, navegaron por las procelosas aguas de la red, sabedores de que sus progenitores estaban pescando en otros caladeros. El runrún de la clase durante toda la mañana había sido acerca de un juego de moluscos coreano -el juego, y quizá también los moluscos-. Pronto supieron que el juego era en realidad una serie que ponían en una plataforma de pago a la que los chipirones tenían acceso total. En la serie las cabezas volaban literalmente arrancadas de cuajo de cualquier percebe que se descuidase por un "quítame allá esas pajas". O eso al menos parecía.   Como los chipirones no tenían cerca a sus padres para preguntar, no entendían bien el porqué de tan masiva decapitación, pero tampoco les importaba saberlo: la serie era divertida, los crustáceos caían como moscas y el entretenimiento estaba garantizado. Los chipirones vieron tres o cuatro capítulos de una tacada, hasta que les rindió el sueño. Por la mañana, ojerosos, comentaron a modo de repetición de las mejores jugadas las escenas más escabrosas y, ya en el recreo, decidieron llevarlas a la práctica. El chipirón que se creyó ganador del primer envite trató de cobrarse su premio, lanzándose contra el perdedor para arrancar la cabeza de aquel, el cual se retorcía de dolor ante el ataque; para zafarse, utilizó su mejor defensa: escupió su tinta a la cara de su adversario y acabaron rodando por el suelo, rebozados "a la romana". Entre raciones de golpes de calamares andaba el juego cuando una maestra que vigilaba el patio de recreo, alertada por otros crustáceos, puso fin a la pelea. Los calamares han sido castigados a no bajar al patio  durante dos semanas, al tiempo que se les aplica en ese periodo la consiguiente regañina para hacerles ver la diferencia entre las cabezas molusculares de la serie televisiva y las cabezas reales de carne y hueso de unos alumnos de nueve años de edad, si es que aún no la tenían clara. Ponerles mayor castigo es tontería: además de la burocracia que acarrearía, ya se sabe que los padres lo recurrirían y también es de sobra sabido que la autoridad competente en materia educativa, o bien vería improcedente la sanción, o bien observaría algún defecto de forma en la misma, por lo que, fuera por un motivo u otro, impediría su aplicación. Amén de que, como la cosa va de moluscos, a mí seguro que me caería la del pulpo sin beberlo ni, por supuesto, comerlos. Por mi parte he de decirles que no pienso ver la serie, pues el sueldo no me llega para pagar tanta plataforma y a esa, concretamente, no estoy abonado; además de que a las once de la noche estoy como un tronco tras todo un día bregando con moluscos, crustáceos, cefalópodos y demás elementos de la fauna marina. Sírvanse, por favor, molestar un poquito a los  progenitores de los calamares, pidiéndoles las mismas o más explicaciones que a mí que, ajeno a estos mundos subacuáticos, poco más puedo aportar en esta pesca. Considero yo que las consecuencias habrá que pararlas buscando sus causas y estas ahora mismo están más bajo el tejado de los domicilios familiares de los litigantes que bajo la responsabilidad que a un sencillo maestro se le pide.

Firmado (con tinta de calamar):

Fulanito de tal.

Tutor de 4ºB".

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