Ya sabíamos que los colegios eran el cajón de sastre -o desastre, según se mire- donde se propone poner en práctica todo tipo de iniciativas rocambolescas, pero lo de los pediatras es que ya es el culmen de la desfachatez-. ¿Acaso ellos están dispuestos a atender a sus pacientes sin utilizar la mascarilla en sus consultas? Al fin y al cabo, ellos los ven de uno en uno y sin empujar y un máximo de diez minutos por paciente -si acaso- , pero es que en la escuela el maestro o maestra los trata de veinticinco en veinticinco y durante cuatro o cinco horas diarias en interior. ¿No parece lo mismo, verdad?
¿Alguien ha pensado en ese maestro o maestra con problemas cardiovasculares, de sobrepeso, de bronquios o con cualquier patología previa al que pueden contagiar los veinticinco angelitos sin mascarilla? ¡Para qué! El caso es buscar la felicidad del alumnado por encima de todo y de todos, cosa con la que podemos estar de acuerdo, si no fuera porque esa felicidad a base de quitarse la mascarilla pudiera llevarse por delante al docente. Y nada mejor que la escuela y un triste maestro o maestra como chivo expiatorio para probar, claro que sí.
La escuela se ha desvirtuado tanto que no hay quien la conozca de veinticinco o treinta años para acá. Todo para la escuela pero sin la escuela, parece rezar el eslogan al más puro estilo del despotismo ilustrado.
Ya podrían hacer los pediatras su propuesta para llevarla a cabo ellos mismos y dejar de de enviar balones al tejado del vecino, pues, que yo sepa, nadie de entre el magisterio les ha dicho a ellos cómo hacer su trabajo. ¿Se imaginan cuál sería la respuesta de la Asociación Nacional de Pediatría si una asociación similar de maestros les propusiera a ellos que repasaran las tablas de multiplicar o el uso de la tilde diacrítica con los niños y niñas mientras los auscultan en sus consultas? No me lo quiero ni imaginar. Y entonces, ¿a qué viene su propuesta? Estando como estamos en una incidencia acumulada a quince de febrero de más de mil casos cada cien mil habitantes, ¿cómo narices pueden proponer que a partir del veintiocho de febrero el alumnado empiece a prescindir de sus mascarillas en clase? Es que no es comprensible. No solo ya por los maestros-as, sino por el contagio que pueden llevar a sus padres y, sobre todo, a sus abuelos y abuelas.
En resumen, que la Asociación Nacional de Pediatría podía morderse un poquito la lengua antes de opinar o, en su lugar, proponer que van a ser los pediatras los que van a comenzar a pasar consulta sin exigir el uso de mascarilla entre los menores de doce años. Cuando hagan eso, entonces nos creeremos que su propuesta es seria y no un mero postureo para que sean otros los que carguen con las consecuencias.
Ya está bien de cacarear los derechos del alumnado, que está muy bien, pero el profesorado también tiene los suyos y uno de los principales es el derecho a la salud y a conservar la vida. Y con esta propuesta "pediátrica" no se garantiza ni lo uno ni lo otro.
Madre mía!!!!....sin comentarios, como tu decías el curso pasado, estamos a los pies de los caballos, y ahora sin protección alguna. Espero que NO SE APRUEBE esta absurda norma. Ya tenemos suficiente con la última aprobada, la de no llevar mascarillas en los recreos. En que cabeza cabe que los niños jueguen a un metro y medio de distancia. Lo dicho, todo resulta INDIGNANTE.
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