Chacho, ¡cómo me recuerda esto que está pasando ahora en el Ayuntamiento a lo que ocurrió con lo de los conserjes! Sí, hombre, cuando la concejala nos quitó de un plumazo a todos los conserjes de los colegios porque decía que no eran de competencia municipal. Misma protagonista, misma tozudez. Se empeñó, y nos los quitó, con un par... Eso sí, el alcalde de turno no anduvo muy espabilado al respecto y, al grito de "¡los colegios lo que quieren es una chacha!", apoyó sin fisuras a la "anticonserjes", que ganó la batalla, pero no la guerra. Y digo que me recuerda lo de ahora a aquello porque el trasfondo es el mismo: la tozudez del político en salirse con su sinrazón en contra del interés y de la razón general de los ciudadanos a los que se debe. Y todo, por la soberbia propia de quienes nunca tuvieron que llegar adonde están, pues un -o una- soberbioso debería estar excluido de responsabilidades políticas. Muchos ejemplos podrían ponerse, pero los más recientes a nivel mundial los podemos encontrar en Trump o en el mismo Boris Johnson, de recientísima actualidad. Normalmente acaban mal. A la concejala le pasó factura su tozudez y su "mantenella y no enmendalla", ya que probó de su propia medicina. Su tozudez fue respondida por unos cuantos directores y directoras que también se pusieron tozudos reclamando lo que creían que en justicia correspondía a sus colegios y transmitieron su tozudez a otros directores y directoras y a las Asociaciones de Madres y Padres de la ciudad y, cuando el chocho estaba ya montado en forma de una protesta masiva a las puertas del Ayuntamiento, una llamada desconvocó todo concediendo a los reclamantes lo que en buena lógica pedían. Y alguien tuvo que envainársela.
Pero no se aprende de los errores. Es difícil. Al tozudo o tozuda le ciegan sus anteojeras y, por qué no decirlo, "sus cojones u ovarios", que de todo hay, y vuelve a tropezar en la misma piedra a poco que algo se le ponga entre ceja y ceja. Son muchos los políticos y políticas tozudos que nos sobran y muchos los dialogantes y razonables que nos faltan, que ocupen sus cargos en beneficio de la comunidad y no en el suyo propio. Pero esto último es difícil de encontrar cuando el político de turno no tiene un cobijo económico con el que subsistir si es defenestrado del suculento pastel pecuniario que le proporciona el sillón al que se agarra como a un clavo ardiendo. Y es que ya lo dice el dicho popular, y si no lo dice, lo digo yo: "Del político profesional, líbreme Dios, que del otro ya me libro yo".
Ahora, el que le ha puesto los puntos sobre las íes a la concejala con el asunto de la policía local es el alcalde, que la ha desposeído de todos los cargos que ostentaban en el Ayuntamiento. La batalla está servida. ¿Quién ganará la guerra en esta ocasión? Ya se verá.
En otra ocasión os contaré la tozudez del político de turno en la creación de un Aula Abierta en mi anterior colegio por parte de la Consejería de Educación y Empleo, pero esa es otra historia con otros tozudos protagonistas de otro color político...
Se creerá Vergeles que se te había olvidado lo del aula!
ResponderEliminarBien defenestrada sea la edila soberbia. Que se apipe de su propia medicina.
ResponderEliminarAl torpe le suele ser difícil aprender de sus errores pues piensa que nunca comete errores.
ResponderEliminarNo quiero recordar la soberbia con la que "dialogaba" esta señora.
Y, si, deja para otro día otros temas.