jueves, 29 de septiembre de 2022

El melonar de Georgia

Georgia es una agricultora italiana que acaba de recoger su cosecha, que este año ha sido espectacular. Los agricultores vecinos están sorprendidos, pues las suyas, a diferencia de la de Georgia, han sido paupérrimas. El caso es que todos sembraron la misma simiente de melones, todos regaron adecuadamente sus cosechas, las abonaron y quitaron las malas hierbas y, sin embargo, sólo el melonar de Georgia de entre todos los de los alrededores ha dado una producción tan elevada. En realidad, y para decir la verdad, es que el resto de melonares vecinos prácticamente no ha dado melones. Todos los agricultores de la zona están asombrados con la cosecha de Georgia, tanto por la ingente cantidad de melones obtenidos, como por ser la única en haber conseguido que sus  melones creciesen sanos y hermosos. Pero su sorpresa también lo es porque todos los melones de Georgia que hasta  la fecha se han probado amargan más "que el culo de un pepino", como se suele decir por la zona. Y esto sí que es extraño, pues la simiente plantada era de una variedad que produce melones dulces como el almíbar. Nadie se explica lo sucedido. 

A Georgia, que además de agricultora, es política, también le ha ocurrido algo parecido en las recientes elecciones italianas: ha arrasado, obteniendo un espectacular número de diputados y de senadores en ambas Cámaras de Representantes. El resto de partidos están tan asombrados como los agricultores vecinos de Georgia: no entienden cómo, después de décadas educando y transmitiendo valores en las escuelas y en la sociedad en general en términos de paz, igualdad, solidaridad, derechos universales, derechos de la infancia,  protección  social,  etc.,  etc. -valores que podrían compararse con la buena simiente sembrada en los melonares de Georgia y de sus vecinos-, los electores se han decidido en masa por una opción que defiende unas ideas contrarias a los más elementales principios democráticos. Y ya hay estudiosos que afirman que tanto la educación como la transmisión de valores democráticos a través de políticas justas están sobrevalorados como motores de cambio para conseguir mejorar el mundo. En definitiva, que todos los esfuerzos hechos durante años en educación por formar ciudadanos responsables están cayendo en saco roto, o al menos, eso parece a tenor de la cosecha electoral. A lo peor, la ciudadanía no merece tanto esfuerzo educativo ni tantas políticas sociales, pero ese es un melón que no sé si proceder abrir... No se sabe, todo es un misterio que los sociólogos están tratando de descifrar. 

Mientras tanto, otro tipo de estudio se está llevando a cabo con los votantes de la señora Meloni, que ese es el apellido de Georgia: se va a intentar averiguar si sus votantes amargan tanto como sus melones. El problema es que los melones pueden partirse y probarse para averiguar su sabor, pero... ¿cómo proceder para comprobar el gusto que tienen sus electores? Sea como fuere, lo cierto es que el melonar electoral de Meloni va a tener sus consecuencias a nivel europeo e incluso mundial. Y es que nunca unos melones dieron tanto de qué hablar.

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