Se barruntan nubarrones energéticos. La guerra de Ucrania, la sequía, la avaricia de las compañías energéticas y los malos rollos con los países productores de gas han disparado -nunca mejor dicho-, los precios de la electricidad y del gas y, por simpatía, los precios de cualquier cosa que pueda comprarse.
Para los productos de la cesta de la compra aún no tengo sugerencias, aunque las tendré, pero para el ahorro de energía tengo pensado poner en marcha una batería de acciones de cara a pasar el próximo invierno lo más calentito posible y ahorrar un montón de pasta en luz y gas, acciones que quiero compartir con vosotros por si os son de utilidad.
Ya sé que el gobierno ha elaborado una serie de recomendaciones generales de cara a promover el ahorro de energía, pero el plan que a continuación se expone está plenamente contrastado a través de la práctica y, en mi modesta opinión, es mucho más completo que el del gobierno.
Lo único indispensable para llevarlo a cabo es tener siempre a mano el móvil con una serie de alarmas programadas que nos avisen de cada acción a realizar. Para ilustrar mejor el plan, os lo voy a ir contando desde que se pone un pie en el suelo por la mañana temprano hasta que se quitan del suelo para meterlos en la cama al anochecer.
No voy a negar que lo aquí expuesto exige someterse a ciertas incomodidades y mentalizarse de que el objetivo final del ahorro de energía y, por tanto, de dinero, es un fin superior al que debemos supeditarnos a pesar de dichas incomodidades, a saber:
6:00 horas: suena la primera alarma y hay que levantarse. Si hace frío fuera, no nos quitaremos los calzoncillos largos o las bragas victorianas que deberemos haber llevado puestos toda la noche para combatir el frío en la cama. Haremos cuidadosamente la cama con los tres cobertores de lana que nos habremos traído de la casa de nuestra abuela y retiraremos de la cama la bota de agua caliente -que a esa hora ya deberá estar fría- para reutilizarla para la próxima noche. Nos pondremos un salto de cama de invierno, calentadores en las piernas, un gorro en la cabeza y las orejeras para hacer frente al frío de las primeras heladas del invierno. Nos dirigiremos rápidamente a preparar el brasero de picón de encina -no escatimar comprando picón de peor calidad- con los rescoldos de la noche anterior. Colocaremos sobre el brasero un papel de aluminio -el de la marca Albal es el mejor- para que no se nos apague el nuevo brasero. Colocaremos el brasero con las enaguas de la camilla levantadas, para que su combustión incipiente ayude a subir, aunque sea unas décimas, los grados de la temperatura de la casa. Antes habremos retirado la lata de agua templada que habremos dejado toda la noche entre las cenizas del brasero y, con dicha agua, procederemos a asearnos. Para ello, con una esponja y una pastilla de jabón, nos iremos lavando por partes humedeciendo y enjuagando la esponja en el agua. Tras el lavado del gato, volveremos a llenar la lata de agua y la colocaremos pegada al brasero de picón, para encontrarla caliente cuando volvamos del trabajo.
6:45 horas: a esta hora sonará de nuevo la alarma del móvil, para indicarnos que tenemos una hora y cuarto de tarifa valle para hacer el desayuno, la comida de mediodía y la cena a precio de saldo, pues a partir de las ocho de la mañana y hasta las doce de la noche, la electricidad se encarece sobremanera. Haremos comida y cena para varios días, un día sí y otro no, y la conservaremos en el frigorífico, nunca en el congelador, pues este consume mucho más que el frigorífico. En invierno, la comida previamente cocinada aguanta en el frigorífico numerosos días sin problema. En caso de hacer sopas o guisos, destapar las ollas para que el calor recircule por toda la casa. El inconveniente es el olor a comida, pero todo sea por aumentar la temperatura de nuestro hogar.
7:00 horas: hora de hacer pis. No lo haremos en el inodoro, sino en un bote de plástico, cuya boca será mayor o menor en función del sexo del o de la que micciona, a fin de no desperdiciar ni una sola gota. Dicho bote lo colocaremos en medio del salón, pues la temperatura a la que sale la orina de nuestro cuerpo también coadyuvará a la subida de la temperatura ambiente. Mantendremos la lata en el salón hasta unos minutos antes de irnos al trabajo, momento en que hay que arrojarla al váter, pues para esa hora ya se habrá enfriado el líquido excretado y habrá perdido su poder calorífico. Para prevenir malos olores en nuestro salón, evitaremos consumir alimentos amargos, como por ejemplo los espárragos trigueros, que bien es sabido que proporcionan a la orina un desagradable olor que se expandiría por toda nuestra casa, y tampoco es eso.
7:30 horas: de nuevo sonará la alarma de nuestro móvil para indicarnos que es hora de irse al trabajo. Quitar el papel Albal del brasero, que ya se habrá encendido. Dejaremos puertas y ventanas herméticamente cerradas para evitar tanto la fuga de calor como la entrada de frío. Nos embutiremos nuestra camiseta Thermolactil, nos dejaremos los calzoncillos largos o las bragas victorianas, ambos de lana, así como el gorro, las orejeras, los guantes, la bufanda, las gafas de sol oscuras, el abrigo militar de montaña que habremos comprado en el mercadillo de los domingos y las botas de piel de borrego por dentro y, así, bien pertrechados, nos iremos al curro.
8:00 horas: la alarma nos indicará que hemos llegado o estamos a punto de llegar al trabajo. Si en el trabajo hay calefacción, es el momento de ir al baño y despojarse de todas las prendas de abrigo para no sudar un sarampión. Si no hubiese calefacción, quedarse con todos los aditamentos textiles encima, excepto los guantes, que los cambiaríamos por unos mitones si tenemos que teclear al ordenador. Las gafas oscuras de sol las dejo a criterio del portador, según quiera o no ver correctamente el contenido de su trabajo y sus alrededores laborales.
10:00 horas: la alarma del móvil nos indica que es la hora del desayuno. Si nos hemos desprendido de nuestro relleno nórdico, es el momento de volver a pasar por el aseo a embutirnos de nuevo nuestras prendas calefactoras. Durante el desayuno es conveniente visitar sitios concurridos y calefactados, para conservar o aumentar nuestro calor corporal. En el caso de desayunar en una terraza cubierta, y para evitar helarse las manos, es conveniente ir cogiendo la costumbre de sostener amablemente y con los guantes puestos el cigarrillo al compañero o compañera que fuma, pues ese pequeño gesto hará calentarnos los dedos (pasarse el cigarrillo de dedo en dedo para distribuir el calor por toda la mano).
14:00 horas: la alarma nos suena de nuevo para indicarnos que nos falta una hora para irnos a casa y que, por tanto, debemos irnos concienciando tanto física como psíquicamente para el frío del hogar.
15:15 horas: nos suena la alarma para recordarnos que, aunque hayamos llegado a casa, no podemos quitarnos nada de lo que llevamos puesto encima, a no ser que queramos coger una pulmonía. También es un recordatorio para calentar sucintamente la comida, a fin de no gastar mucho en electricidad.
15:30 horas: alarma de la manta por los hombros mientras terminamos de comer en el sofá; también alarma para darle una vuelta al brasero con la badila y alarma para realizar la primera serie de inspiraciones y espiraciones. Como ya sabemos, el aire que exhalamos procede del interior de nuestro cuerpo y sale en invierno a una temperatura mayor que la del ambiente. Si hacemos una serie de 50 inspiraciones y espiraciones fuertes, expulsando el aire por la boca, a bien seguro que subiremos una o dos décimas de grado la temperatura de nuestra casa. Todo ayuda. Además, esto también nos ayudará a relajarnos y quedarnos dormido tras la ingesta de la comida al calor del brasero, en el centro del cual habremos colocado la lata con el agua caliente.
16:30 horas: alarma para fregar los platos del día y de la cena de la noche anterior con el agua caliente de la lata del brasero.
16:45 horas: alarma para encender la estufa de pellets que compramos en una oferta de Leroy y Merlín. Pero, evidentemente, no la encenderemos con pellets, sino con piñas secas que habremos ido recogiendo de pinares de nuestro alrededor: ahorro y ecología deben ir de la mano; la recogida de piñas en invierno evita muchos incendios en verano, pues son un material inflamable y con gran poder calorífico.
17:00 horas: alarma para salir de casa hasta las 20:00 horas. Mientras la estufa de piñas hace su efecto calorífico y eleva la temperatura de nuestra casa, lo mejor es, bien pertrechados, salir a resguardarse al calor de centros comerciales, museos, exposiciones, etc., etc., donde se nos proporcionará calor de forma gratuita, a coste cero. Si ya queremos tirar la casa por la ventana, nos acercaremos al gimnasio, donde nos habremos inscrito en la modalidad más básica para no gastar mucho, pero del que saldremos duchados, afeitados, perfumados y bien calentitos entre la actividad física y el agua caliente.
20:00 horas: alarma para llegar a casa y disfrutar del momento más cálido del día en nuestro hogar, pues las piñas han hecho su efecto y, como no vamos a echar más, a partir de esa hora, la temperatura comenzará a disminuir. Aprovecharemos la parte superior de la estufa de pellets para colocar sobre ella la sartén a fin de poder calentar la cena en ella.
20:15 horas: alarma para colocar la lata de agua caliente directamente sobre las brasas del brasero para llenar más tarde la bota de agua caliente que nos llevaremos a la cama. Y volver a llenar la lata de agua y colocarla junto al brasero hasta por la mañana.
20:30 horas: nueva serie de inspiraciones y espiraciones a fin de subir un poco la temperatura de la casa, que comienza a bajar.
20:45 horas: hora del autoaplauso. Esta alarma nos recuerda que, durante 5 minutos, debemos darnos un aplauso a nosotros mismos con las manoplas del horno puestas por lo bien que lo estamos haciendo. Igual que les dimos aplausos a los sanitarios durante la pandemia -aunque luego los estemos poniendo a parir-, el autoaplauso nos subirá la moral, nos calentará las manos y algo hará por subir una mijina la temperatura ambiental.
21:00 horas: cena calentada sobre la estufa de piñas. Los platos se dejan en el fregadero hasta el día siguiente que consigamos agua caliente de la lata del brasero.
22:00 horas: si hay que mear, es el momento de llenar el bote de plástico con bocas a medida de cada sexo y colocarlo en el salón: toda ayuda para conservar el calor de la casa es buena. Poner la televisión, pues gasta poca electricidad, entretiene, hace que olvidemos la sensación de frío y, además, como también se pone un poco caliente, sube la temperatura de nuestro hogar. Quedarse en el brasero bien abrigado con todo nuestro equipo y la manta de lana por los hombros y espaldas. Si uno se queda dormido, no pasa nada; eso sí, calentito.
23:30 horas: alarma para irse a la cama. Recordar llenar la bota con el agua caliente que tenemos en la lata del brasero y llevarla con nosotros a la cama. Volver a llenar la lata con agua y colocarla en el brasero hasta la mañana siguiente.
23:45 horas: momento "farting". De cara a introducirnos en la cama, por supuesto con pijama y calzoncillos largos o bragas victorianas, y no sentir la molesta sensación del frío de las sábanas, es el momento de expeler numerosas ventosidades al tiempo que se mueve enérgicamente la ropa de la cama como para airear el mal olor. Estos movimientos enérgicos, el calorcito de las ventosidades y la bota de agua caliente, nos permitirán una calurosa entrada en el mundo de Morfeo. ¡Ah!, hay que dedicar la ventosidad más ruidosa y maloliente a aquel que consideremos responsable de nuestras cuitas energéticas; para ello, arquear la parte de nuestro cuerpo donde la espalda pierde su nombre buscando la mejor posición de nuestra caja de resonancia natural, contraer la musculatura abdominal y expeler a conveniencia y según capacidad expulsora: tras ello, el sueño placentero estará plenamente garantizado.
Importante: repetir este plan día tras día hasta que lleguen los primeros calores de la primavera.
Puede suceder que alguien tenga la suficiente solvencia económica para hacer frente sin problemas a la carestía energética, pero este plan se acoge a aquel lema de los años setenta del siglo pasado que, ante la crisis del petróleo de entonces, decía aquello de "aunque usted pueda pagarlo, España no puede". Es decir, es un plan pensado para socializar el ahorro de energía, que para privatizar las ganancias del consumo ya están las empresas del sector. También es muy conveniente ocultar lo máximo posible el término socializar implícito en este plan, para no ser acusados públicamente de socialcomunistas o similar, cosa que irrita sobremanera a determinados colectivos políticos... y de otra índole.
Beneficios del plan de ahorro energético:
Ahorro de energía asegurado: 95%.
Emisiones al medio ambiente: imperceptibles.
Categoría energética: Vintage ++++
Nivel de satisfacción: alto.

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