miércoles, 10 de mayo de 2023

El mercadillo electoral

Suelo ir al mercadillo todos los domingos, pues es donde los pertenecientes a la clase obrera -no hay que renegar de la clase a la que uno pertenece- solemos hacer algunas compras. El otro día, a la puerta del mercadillo de siempre, había montado otro no menos pintoresco donde se estaban pregonando a voz en grito las grandes ofertas políticas del momento de cara a la batalla electoral. La competencia es mucha y los mercaderes, desaforados, pregonaban sus promesas electorales con el objetivo de embaucar a la clientela en busca del disputado voto que los encumbre a los altares del poder, sea local o autonómico, el cual, como ya se sabe, debe de tener su erótica, además de otras cosas. 


Tamaña competencia exige aguzar el ingenio y lanzar la oferta más audaz y arriesgada con tal de atraer la atención de los asombrados votantes, que no dan crédito a la ebullición reinante entre los vendedores de gangas:

-¡Una playa en el Guadiaaaaana, de arena fiiiina, de limpias aaaguas, si antes el gobierno nos limpia las aaaalgas! -gritaba uno desgañitándose, intentando elevar su voz por encima de los mercaderes de los puestos de al lado.

-¡Te bajo los impuestos, te bajo el IRPF, te hago un truco de magia, multiplico panes y peeeeeeeeces!  -chillaba otro. 

-¡Para los pobres traigo viviendas, cómodamente financiaaadas; a los ricos les quito las suuuuyas si mucho tiempo las tienen cerraaaadas! -era la cantinela del de más allá.

Y otros muchos más:

-El  IVA yo lo rebaaaajo, el IVA yo lo elimiiiino, se lo quito de un plumaaaazo a los productos más anodiiiinos! 

-¡El dinero lo dejo en tus manos, conmigo el dinero lo sieeeentes; le pongo paga a tu madre y también a la vecina de enfreeeeente!

-¡España en Interraíl recorrerás gratuitameeeente; queda excluida Extremaduuuura, que estamos electrificando los treeeenes!

-¡Revertiremos todas las leeeeyes del partido gobernaaante, y haremos otras nuevas, mucho mejores que aaaantes!

-¡Os daremos trabajo a tooodos, aunque sea fregando sueeelos, aunque el trabajo mejor pagaaado se lo daremos por supuesto a los nueeeestros! 

Los mercaderes intentan engañar a diestro y siniestro con sus ofertas electorales, pero no explican la letra pequeña de cómo las llevarán a cabo; esa receta es como la de la Coca-Cola: un misterio bien guardado. Lo único que pretenden es la mayor captación posible de votantes en el presente de cara a las próximas elecciones, que se anuncian broncas. Los votantes, por su parte, se saben engañados, pero se dejan engañar con tal de saberse necesarios para mantener el sistema, aunque sólo sea una vez cada cuatro años. El futuro es incierto y al votante le gusta que le coman la oreja con promesas imposibles con tal de evadirse un rato de la cruda realidad. 

No crean que esto de pregonar en el mercadillo electoral es algo baladí; de eso nada: un buen predicador de promesas debe de haber estudiado antes muchas artes y ninguna de ellas buena... Es una dura formación previa la que se requiere antes de conseguir un acta de concejal o un escaño de diputado: de ahí luego su buena remuneración, acorde con su formación. 

Sólo algunos descarados gritan a la cara sus verdaderas pretensiones en tono de chascarrillo: "¡En Valencia engaño a los riiiiicos; en Madrid engaño a los pooooobres; engaño a las mujeres en Viiiiigo y en Cataluña engaño a los hoooombres!". Y estos son de los que suelen tener mucho éxito en los resultados, aunque parezca increíble: es que el trumpismo ha creado escuela. 

Este es el patio de Monipodio en que se ha convertido la política, y la cosa va in crescendo en cada campaña electoral que pasa. Nunca un voto fue tan valioso antes de emitirse ni será tan despreciado inmediatamente después de su recuento. 

Y, hasta entonces, así transcurre el mercadillo de la política cortoplacista, barriobajera y ramplona a la que tan plácidamente nos hemos habituado.

¡Buena elección! 

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A poco más de un año vista de la jubilación, hago memoria, analizo la evolución de la escuela a lo largo de los últimos treinta y cinco años...