miércoles, 2 de abril de 2025

La nueba seletibidaz

 

Leo con orguyo i satisfazion esta notizia aparezida en el periodico Oi. Por fin la ditadura de la ortografia tiene sus dias kontados. Lla era ora de acerle frente al interbencionismo de la r.a.e. en nuestros escritos. No nezesitamos normas para escrivir. Para ke? A caso no me estais lellendo y entendiendo perfetamente sin necesidá de segir tanta regla ortografika? Lo inportante es poner las letras que representan a los sonidos de las palavras que se quieren trasmitir en su sitio. Pero que cada kual ponga las ke kiera con tal de ke te se entienda. Porke si llo escrivo "casa" y tu escrives "kasa", akaso no savemos todos lo ke keremos dezir? Oi en dia triunfa el neoliveralismo a nivel politico, culla masima es la no interbenzion del estado en los merkados, los kuales deven autorregularse por si mismos. I entonzes, si se aplika el neoliveralismo a algo tan inportante como la ekonomia, ¿por k no aplikarlo tanbien a la ortografia i qe cada kual autorregule su forma de escrivir i de ablar? Seria lo mas... en plan "escriva llo comodamente pero k me entienda la jente". Seria la livertad total i no eso de las cañas de madriz o la libertad de milei: ¡aplikemos la motosiera a la normatiba ortografika, carago! I dijo yo ke si esto de las unibersidades pribadas  no sera um primer paso para la ansiada libertaz. A que me se entiende bien lo que voi keriendo dezir? Pues eso, que si me se entiende, ke necesidaz de reglas, de tildes, de sijnos de puntuacion i demas complicaziones ke nos kitan tiempo de usar el mobil o la table para mirar las redes sociale. I lla no ablemos de la "h", esa maldita traidora ke nos a traido de cabeça durante siglos. Si es k lo que no se entiende es que permitieran a Elio Antonio de Nebrija publikar aqueya gramatica de los demonios, ke lo que tenian es ke averlos quemado en la oguera, a el i a su gramatica, por aver provocado inumerables disgustos, suspensos, frutraciones y abandonos de estudios.

Felizito desde aki a la consergeria de educazion de esta nuestra comunidaz por su balentia y bision de futuro y por su apuesta dezidida por començar la liveralizazion de la lenjua expañola del corse ke la oprime. Xq si ella no lo ace, no estaria tampoco de mas recurrir al presidente trump para poner a la ortografia en su sitio, ke aora el es el amo del mundo y puede azer i desazer a su antogo.

I no le kiten puntos a los chikiyos en la seletibidaz, ke me los ban a traumatizar i eso luego es mui difizil de superar; tanto o mas komo salir de la depresion ke estoi cojiendo llo al escrivir este artikulo i, sovre todo, de pensar en la kantidaz de oras perdidas ke lleban  maestros y profesores intentando enseñar ortografia. Total, para ke?

I aora, ke me cuenten las faltas ke e cometido, que me da igual: al fin i al cabo solo me pueden kitar dos puntos... Pues no estaria mal ke esto de kitar solo dos puntos, kometas las infracciones ke kometas, se aplikase tanbien al karne de conduzir: seria el culmen de la conduzion liveral.

lunes, 17 de febrero de 2025

Por sus nombres los conoceréis

Etimológicamente, el apellido Trump procede de la palabra latina trampa-trampae, que evidentemente significa "trampa". Es decir, hasta su propio apellido nos indica lo que pretende hacer: trampas. Así, su política trumpista podría tildarse de tramposería -que en sudamérica sería trampería, un vocablo con una raíz más cercana al apellido del susodicho- y todo ello atendiendo tanto a su etimología lingüística como a los hechos observados en sus pocos días de mandato. Anda el tramposo poniendo patas arriba el mundo con sus ocurrencias descabelladas, que no nos llevarán a nada bueno, eso seguro. Como un gallo de pelea, autoinvestido emperador por sus petrodólares, cacarea la primera ocurrencia que se le viene a su loca sesera, embistiendo contra tirios e incluso contra troyanos, que a este toro nada se le pone por delante. El resto del mundo, taciturno, no sabe si ponerse a su favor o en su contra, excepto algún que otro político anodino que no se pronuncia, experto en nadar y guardar la ropa, poniéndose siempre de perfil. El ciclón tramposo ha desatado su tempestad infernal y a ver quién es el guapo que lo para, amparado como está por más de ochenta millones de trumpistas que lo apoyaron -aunque algunos ya no lo apoyan porque pronto han probado en sus carnes la ira del dragón anaranjado-. Su electorado cayó en su "trampa" y esa trampa pretende extenderla al resto del mundo. Dios nos coja comulgados, porque ni confesados nos salvamos. Y más cuando se entere de que en Portugal hay un club de homosexuales cuyo nombre es "Trump's".

Este tramposo parece que hace buenas migas con otro que tal baila, que no es otro que Elon Musk. Su apellido procede del caló y significa "el masca", es decir, el enterao, el que más sabe, el que más manda, el más chulo y, sobre todo, el que más tiene. En Elon, no obstante, se masca su personalidad aspergeriana, que lo delata: su envaramiento, su rigidez postural y su falta de expresividad son de libro. Trump lo ha nombrado para liderar el nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental y a las primeras de cambio ya se han visto sus maneras; a todos les da por lo mismo: recortes y más recortes, pero ninguno tira piedras a su propio tejado, siempre a los de los demás. Tontos no son, desde luego. 

Otro tramposo, al cual su apellido también lo delata, es Milei, el autodenominado león argentino. Su apellido procede de la palabra griega milonga, que tal y como indica, es a lo que se dedica el ínclito: a contar milongas. Milongas que su electorado se tragó y ahora sufre en silencio, como dice el anuncio de las hemorroides. Milonguero, histriónico, homófobo y marrullero, pretende pasarle su famosa motosierra a todo lo que huela a público y a servicios sociales, cuando lo mejor que podría hacer es pasarse la motosierra por esas greñas de loco de atar que tiene por pelo. Ahora, muchos de sus compatriotas andan cabreados con el milonguero porque los engañó con el quilombo de invertir en criptomonedas, lo cual resultó una tremenda estafa piramidal. También hay que ser cortos de miras al confiar en un felino melenudo.

La señora Meloni no les anda a la zaga a los anteriores. El apellido Meloni viene del sánscrito "melón", pero no como nombre de fruta, sino que su traducción se acerca más a nuestra expresión "no seas melón", en el sentido de cabezón, testarudo, torpe o algo parecido. La italiana ha convencido a sus paisanos de que la inmigración pone en peligro la integridad patria, y allá que andan haciéndole la ola, pues ya se sabe que «al melón bueno y maduro, todos le huelen el culo». Por ahora, es la más moderada de los pseudolíderes de pacotilla, dentro, eso sí, de su extremismo xenófobo. Y allí que sigue abonando su melonar en esa extravagante bota en medio del mar Tirreno.

En este repaso etimológico no podemos olvidar al más malo de todos los malos: el avieso Vladimir Putin. Es difícil encontrar su origen etimológico, pero hay teorías que lo sitúan en la expresión hispana "hijo de..." dadas las fechorías que comete contra propios y extraños. Algo se trae entre manos con el monstruo anaranjado, pues parecen estar a partir un piñón cuando desde siempre sus países han estado a la greña. Mal asunto, pues del amor al odio hay solo un paso y, cuando este último se desata, es como si se abriera la caja de Pandora.

En Europa, los Abascal, Weidel, Salvini, Le Pen, etc. se frotan las manos ante el avance imparable de sus postulados entre las masas enfervorecidas que  aplauden  sus discursos populistas, pero también homófobos, xenófobos, misóginos, excluyentes, inhumanos, nacionalistas... retrógrados, al fin y al cabo. Pero parece ser que es lo que quiere la gente: "Make -insertar aquí el nombre de cualquier país- great again".

Y así anda gobernado o intentando gobernarse el mundo, por unos individuos que lo basan todo en su potencial económico y en la fuerza bruta y que pretenden gobernar poniendo como centro de actuación la economía, abandonando los postulados humanos, sociales y de bienestar general que todo dirigente debería tener como referentes a la hora de gobernar. 

¿Qué saldrá de todo esto?

Nota bene: como podrá comprenderse, las referencias etimológicas de los apellidos de los truhanes, por si alguien no se había dado cuenta, son de invención propia.

martes, 17 de diciembre de 2024

Lo de Muface

 


Bajan las aguas revueltas con lo de Muface. El funcionariado, convocado por las organizaciones sindicales, se manifiesta para mantener lo que considera que son sus derechos. Vaya por delante que yo también soy funcionario, de Muface, y que mi cotización se realiza al Régimen de "Clases Pasivas", un régimen a extinguir, pues desde el año 2011 todos los funcionarios que ingresan en la administración del Estado ya cotizan al Régimen General de la Seguridad Social. Pertenecer a Muface y cotizar al Régimen de Clases Pasivas supone, entre otras muchas cosas, poder elegir nuestra cobertura sanitaria entre la Sanidad Pública o acogerse a la Sanidad Privada; también supone el poder jubilarse a la edad de 60 años si se tienen, como mínimo, 30 años de cotización.

Dicho esto, que es algo objetivo que cualquiera puede comprobar, a menos que se diga que también es mentira -hoy en día las verdades son efímeras y la mentira se disfraza de verdad de forma recurrente, metamorfoseándose de continuo-, puedo entender que los funcionarios no queramos perder nuestros privilegios -yo, el primero-, pero de ahí a no reconocer que somos unos privilegiados en materia laboral y que nuestra condición de funcionarios nos ofrece unas prebendas que no tiene el resto de trabajadores, va un abismo.

"Con nuestra salud no se juega"; "No estamos dispuestos a que nos quiten nuestros derechos"... son los lemas en clave emocional -otro aspecto, el de las emociones, que está de moda últimamente para manipularnos- que lanzan diversas organizaciones sindicales bajo el manto del corporativismo, jaleando al funcionariado que, nervioso, se quiere arrimar a la brasa que más calienta.

Todo lo puedo comprender -incluso lo de apelar a las emociones para soliviantar al personal-, pero no reconocer al menos que nuestros privilegios son eso, privilegios -y no derechos- en relación con el resto de trabajadores que obligatoriamente son atendidos por la Sanidad Pública y que si quieren un seguro privado se lo tienen que pagar de su bolsillo; no entender que es una gran discriminación el hecho de que al resto de trabajadores se les haya subido tanto la edad mínima como los años cotizados para poder jubilarse (67 años y medio si no se tienen 38 años y medio cotizados) y el funcionariado con cierta antigüedad pueda seguir jubilándose a los 60, es, simplemente, un superlativo acto de egoísmo por nuestra parte. ¿Acaso el aprobar un día de hace muchos años un examen de oposición a uno de los cuerpos de la función pública ya nos coloca en una escalafón superior como trabajadores? Yo lamento decir que no puedo compartirlo.

Y, claro, las compañías de seguro privadas, que no son precisamente unos angelitos, y que se saben con la sartén por el mango, pues la Sanidad Pública no puede asumir de repente la atención sanitaria de la ingente cantidad de funcionarios y  sus familiares, tensa la cuerda para intentar obtener el máximo de beneficio económico a costa del erario público. Todo un juego de extorsión desde una posición de poder.

El sentido común -ese que hoy en día anda tan perdido y que la maraña de mentiras interesadas quiere arrinconar porque su aplicación no interesa a determinados intereses espurios que sacan tajada del totum revolutum- debe prevalecer sobre tanto corporativismo, tanta emoción desbordada, tanta supremacía y tanto juego sucio. 

También sé, porque no quiero perder el sentido común al que antes aludía ni tampoco quiero parecer ingenuo, que esto que estoy diciendo es como un grano de arena en un desierto, pero es mi grano de arena, y tengo derecho a decirlo.


domingo, 24 de noviembre de 2024

Luces y árboles de Navidad

 


Me decía el otro día un amigo en plan de broma, hablando del cambio horario, que retrasar la hora el último fin de semana de octubre no era una medida para ahorrar energía eléctrica en términos generales. 

-¿Ah, no? -me sorprendí-, ¿entonces, para qué se hace?. Y él me respondió con mucha sorna que era en realidad una medida para ahorrar energía eléctrica en los hogares, empresas y edificios públicos para dedicarla a la competición en la que participan todos los años los Ayuntamientos de numerosas ciudades del país en ser los primeros en iluminar sus calles, encender el mayor número de bombillas posible, colocar las más vistosas, artísticas y llamativas decoraciones navideñas callejeras y levantar el árbol de Navidad más alto.

-Ahora los alcaldes de determinadas ciudades no se eligen por su ideología política ni por su programa electoral; ahora se eligen en función de quién promete poner más luces en las calles en Navidad y poner el árbol más alto -afirmó mi amigo...- y se quedó tan pancho.

Yo me quedé con la boca abierta, pensativo... y en esto que él volvió a la carga:

-¿Pero tú te has creído que ese rollo de la ecología que el Ministerio de Educación hace que los maestros-as enseñen en las escuelas e institutos es en realidad en beneficio del planeta? ¿Tú piensas que las medidas propuestas en el COP29 van encaminadas de verdad a la disminución de los gases de efecto invernadero y al ahorro energético? ¡No, hombre, no! Ese ahorro va a las bombillas que los Ayuntamientos ponen por las calles en Navidad. Y con el aplauso de la ciudadanía, además.

Más tarde, en casa, seguí dándole vueltas al asunto y llegué a la conclusión de que no le faltaba cierta razón a mi amigo, a tenor de lo cada vez más pronto que se instalan y se encienden las luces navideñas. Y escuchando más tarde las noticias, la teoría de mi amigo tomó fuerza cuando escuché anonadado cómo tres ciudades españolas compiten por tener el árbol de Navidad más alto: los alcaldes -todos varones- de Vigo, Badalona y Cartes, un pueblo de Cantabria, aparecían muy ufanos en pantalla alardeando de ser el que la tenía más larga... ¡perdón!, de tener el árbol más alto. Y allí que salían los vecinos de esos municipios jaleando la ocurrencia de sus alcaldes.

¿Pero cómo es posible que el summum de la política local de un Ayuntamiento sea encender el primero de todos las luces navideñas en sus calles en el mes de noviembre o colocar en su plaza mayor el árbol de Navidad más alto? Decididamente nos estamos volviendo majaretas. ¡Y lo peor de todos es que a los administrados nos gusta esta carrera de egos hacia ninguna parte! ¡Como para creerse algo de las campañas en pos de la ecología que lanzan a la ciudadanía esos mismos Ayuntamientos! ¿De verdad que no puede haber representantes públicos con más luces -y no precisamente de las de un árbol de Navidad- que los que tenemos? Hay que ser bobo para creer en estos tipejos. O igual es que lo somos... 

Con la mandíbula desencajada, sin poder creer lo que estaba oyendo en las noticias, decidí llamar por el móvil a mi amigo:

-¡Oye, que vas a tener razón con lo de la luz, que entre bobos anda el juego!

-Pues eso, lo que yo te decía -me contestó él.

lunes, 21 de octubre de 2024

La revuelta del hormiguero

 

La red fue poco a poco tejiéndose. Año tras año, discurso tras discurso, gesto tras gesto. De forma bien planificada, arañas de especies distintas iniciaron la tela cada cual por su rincón, extendiéndola poco a poco a base de paciencia, de esfuerzo, de trabajo, y también de odio. Antes incluso de terminarla, las hormigas, engañadas por las palabras que nos atraían como cantos de sirena hacia las tupidas redes, fuimos cayendo en la trampa, acercándonos, hasta acabar adheridos a la pegajosa seda que nos impedía volver a ser libres. Cada uno de nosotros se arrimó al cántico que mejor le sonaba -cuando sonaba melodioso- y, cuando lo sentimos desentonado y estridente, ya no pudimos alejarnos, porque la trampa funcionaba a la perfección y era imposible escapar de allí: nos habían alienado, o lavado el cerebro, o como queramos llamarlo. La estridencia del canto de la araña que nos atrapaba nos impedía escuchar las letras de otras canciones, por lo que nuestro pensamiento se tornó único e invariable. Y todo ello a pesar de sabernos engañados y de que la mentira usurpaba el espacio a la poca verdad que hubiera podido haber, si es que alguien hubiese sido lo suficientemente honesto -y valiente- para decirla. 

Una vez segregados por pensamientos unívocos, solo era cuestión de jugar con nosotros, que, aunque vivos, moríamos intelectualmente asfixiados por falta de reflexión, peleándonos por defender el insípido discurso de nuestra araña carcelera.

Ya se sabe que a los carceleros les gusta mucho divertirse, especialmente con sus prisioneros, de ahí que inventen numerosos juegos para pasar el rato y, al mismo tiempo, tener entretenidos a los reos para que no se solivianten.

Últimamente, en una ingeniosa vuelta de tuerca al tema del ocio, las arañas jefas han inventado un par de jueguecitos para entretenernos y, a la vez, crear corriente de opinión en torno a sí mismas. Tal es la popularidad de dichos juegos que cada uno defiende el juego que practica a muerte, en una especie de identidad corporativa a ultranza.

El primer juego de entretenimiento que se inventó se llama "El hormiguero" y el segundo se llama "La Revuelta" y sus seguidores son verdaderos fanáticos y, por supuesto, enemigos acérrimos: matarían por encumbrar su juego a los altares y mandar a los infiernos al del eterno rival, aunque no sepan muy bien de qué va el rollo. 

Los que aún no hemos caído en las telas de araña andamos con la mandíbula desencajada: ninguno de los dos juegos vale un pimiento; es más, rayan en la más absoluta banalidad y en los que la vulgaridad campa a sus anchas. Es poco entendible que a alguien con un poco de inteligencia puedan interesarle semejantes mamarrachadas, a no ser, eso sí, que esté narcotizado por el veneno de una de las arañas.

Así andamos en este país: las arañas están haciendo su agosto, inoculando odio, manejándonos, enfrentándonos y, lo que es más grave, manipulando nuestra voluntad a base de ese sibilino veneno que es la mentira repetida mil veces hasta que se convierte en verdad.

Estamos muy necesitados de una gran revuelta del hormiguero para sacudirnos la gran tela de araña que nos tiene atrapados en la estupidez.

jueves, 25 de julio de 2024

Cerdos en el cine

Sé que existen diferentes sistemas de evaluación del nivel educativo de un país, como pueden ser el informe PISA o las pruebas TIMSS o PIRLS que miden diferentes aspectos y conocimientos y su aplicación a la vida real. Yo, como no soy experto en evaluación, no voy a entrar en valorar el mayor o menor grado de fiabilidad de estos sistemas evaluativos generales. A mí me interesan más ejemplos mucho más pragmáticos, donde observo y saco mis propias conclusiones acerca del comportamiento del personal ante situaciones concretas de la vida real. Puedo pararme a observar cómo los dueños de los perros sacan a estos a defecar a la calle y un tanto por ciento elevado deja sus restos en plena acera, por lo que deduzco que son unos incívicos; también puedo ver cómo algunos conducen por la ciudad parándose donde les place, incluso en doble fila, sin poner intermitentes, insultando a los demás si estos les pitan recriminándoles su forma de conducir, por lo que concluyo que algunos son unos impresentables por mucho Mercedes que lleven entre las manos. En fin, es un método basado en la observación directa y que, aunque no tiene ninguna base científica, a mí me sirve para tomarle el pulso a nuestro nivel de educación. El otro día, por ejemplo, pude poner a prueba mi método en el cine. Fui a ver el estreno de "Fly me to the Moon" en una sesión nocturna. A mi alrededor había personas de todas las edades y condiciones y lo que observé en muchas de ellas me dejó sin ganas de asistir de nuevo a una sala de cine en una buena temporada. Mientras unos no le habían quitado el sonido a sus móviles y estos pitaban o vibraban repetidamente cuando les entraban mensajes de WhatsApp, otros los consultaban a cada poco, iluminándose las pantallas y haciendo que los demás apartáramos la vista de la película ante los destellos repentinos. Un grupito de adolescentes que se sentaban detrás de mí -ellas dirían detrás mía, pero no es correcto- se pasaron gran parte de la sesión cuchicheando, cuando no riéndose, por asuntos ajenos a la película, impasibles ante los continuos "chis" de algunos espectadores que les pedían silencio. Pero lo más molesto sin lugar a dudas fue el continuo mascar -porque decir masticar sería disminuir la intensidad del ruido que producían- de los distintos alimentos introducidos en el local: patatas fritas, palomitas de maíz y chucherías varias, así como el crepitar constante de las bolsas que contenían tales guarradas cuando introducían sus sucias zarpas en su interior. Los gruñidos eran tales, que por un momento pensé estar rodeado de cerdos que habían abandonado la dehesa para acudir a un estreno cinematográfico.

No me hizo falta mucho tiempo para sacar mis propias conclusiones acerca de la educación de muchos de los asistentes al evento: no creo que hagan falta informes PISA, pruebas TIMSS o PIRLS para dictaminar que muchos de ellos no eran más que unos guarros -creo que todos ibéricos-, por muchos títulos universitarios que tuviesen.

sábado, 22 de junio de 2024

Las clarisas, Milei y el Anticristo

Anda la curia pontificia altamente preocupada, y no es para menos. Su natural orondez basa su statu quo, además de en el buen yantar y el mucho holgar, en la inmutabilidad de sus costumbres, y estas se han visto alteradas recientemente por dos acontecimientos de índole bien diferente que la han puesto a dieta a base de subirle repentinamente su bajo nivel de estrés. 

El primero de estos acontecimientos ha sido que las monjitas de Belorado se han puesto flamencas y han decidido introducirse en el pujante negocio inmobiliario intentando un pelotazo urbanístico contrario a sus valores cristianos. A las monjas no se les pega la manteca al cucharón con el que remueven el chocolate, que tan pingües ganancias les ha venido proporcionando, desde que se saben excomulgadas por no acatar la autoridad divina, cuya concreción terrenal representan el Papa y, por delegación de este, el obispo de Burgos. Las monjitas se han metido en el avispero de un Papa fake (que decir falso hoy en día está demodé) que parece estar como las maracas de Machín, pero que no tira piedras a su tejado, como ya sabemos de todos estos iluminados que se declaran redentores de la humanidad.  La Iglesia, muy poco dada a espectáculos mediáticos, ve alterada su máxima con la que ha triunfado los dos últimos siglos: "que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha"; e intenta sofocar la revuelta de las clarisas como buenamente puede, que no está el asunto como para dar una peor imagen de la que ya se tiene e ir perdiendo adeptos por el camino. Ya se verá cómo se aplasta esta asonada monjil, que no tiene pinta de que se cierre tomando amigablemente un chocolate y unos dulces de los que ellas mismas preparan. 

Otra causa de alteración episcopal en nuestro país es el compadreo que la Presidenta de Madrid se trae con el Presidente de la Argentina. De siempre es sabido que Ayuso ha estado a la derecha de Dios y que los representantes de este en la Tierra se metamorfosean bien con las ideas que proceden de la diestra, disimulando como pueden su disgusto cuando la chiquilla se mete en aguas pantanosas: se la disculpa cordialmente sometiéndola a la socorrida confesión de los pecados, tras la cual su alma vuelve a quedar tan limpia como la de un bebé recién nacido, e incluso más, pues este viene con el pecado original bajo el brazo. No obstante, esta repentina amistad con un tipo tan pelotudo como el señor Milei no es vista con buenos ojos por las curias diocesanas, que de tontas no tienen un pelo, y han visto en los incendiarios discursos del argentino una alerta que no saben cómo interpretar. ¿Y si este bravucón tarado de greñas ingobernables no es más que el Anticristo haciéndose pasar por un ultra de la ulterior derecha? La curia se ha puesto rápidamente a investigar, porque arrimarse a un Anticristo no puede traer buenas consecuencias para el devenir político de la recontrapelotuda presidenta madrileña -pero eso allá ella con sus amistades y sus consecuencias-; lo que la curia no puede consentir, porque va en contra de sus intereses terrenales, es verse engañada por el caballo de Troya que representa un Anticristo en el seno de sus intereses neoliberales, que son los mismos que los de la derecha. ¿Y si Milei es, en el fondo, un producto de los zurdos? ¿Y si los zurdos crearon un falso amigo tan ultra que traspasa todas las líneas rojas que existen en el discurso político para que nos arrimemos a él y nos explote a todos la animadversión que su alocado discurso pueda producir entre la población en forma de debacle electoral? -andan cavilando los obispos.

En ello anda la curia, que no se le pega la sotana al cuerpo, a dieta por la mala digestión que le está produciendo tanto el asunto del chocolate de las clarisas como la acidez biliar por la compra del discurso del Anticristo. ¿Cómo acabará todo esto? ¿En un doble cisma teológico-neoliberal? Quién sabe. Por lo pronto, ya han mandado a Alsina a dar recado de que el asunto se está saliendo de madre. Y eso no es baladí.

Prioridad nacional

  Si soy sincero, estoy deseando que se empiece a aplicar esto de la prioridad nacional en nuestro país. Y más concretamente este verano. No...